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Editoriales y Opiniones

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Editoriales y Opiniones de la UCA que se emiten vía YSUCA, 91.7FM y en línea www.ysuca.org.sv. Con temas de realidad nacional e internacional© 2026 Radio YSUCA Politique et gouvernement Sciences politiques
Épisodes
  • Excelencia en incompetencia
    Jun 19 2026
    Las infraestructuras grandes y resplandecientes tan características del modelo de Bukele, por lo general, poco después de inauguradas, presentan fallas de diseño, de ejecución, de seguridad o de funcionalidad. La sala de emergencias del hospital de Santa Ana se inundó recién remodelada. Lo mismo ocurrió en uno de los dos estadios emblemáticos de la capital durante una final del futbol nacional. Una zona comercial recién embellecida tuvo igual suerte. Deshicieron la obra para abrir desagües, que volvieron a fallar. Los habitantes de las zonas de alto riesgo, incluidas más de 450 escuelas, están a merced de las fuerzas geológicas, climatológicas e hidrológicas. Los funcionarios escurren el bulto. Unos acusan a quienes tiran basura al aire libre, una práctica muy común. Pero en siete años no han hecho ningún esfuerzo para educar sobre cómo disponer correctamente de los desperdicios. Tampoco han facilitado basureros funcionales. Los más creativos amenazan con vigilar y castigar. Estos funcionarios no han aprendido aún que los tragantes, las canaletas y los desagües deben ser limpiados periódicamente. Esperan la inundación para remediar. Otros culpan a “los años de abandono” anteriores a 2019. Siete años ha sido poco tiempo para revertir esa herencia. Cierto, la desidia no se supera de un día para otro, pero su ritmo de trabajo no está a la altura de las exigencias de la realidad. Argumentar la fuerza de los fenómenos climatológicos no los exime de responsabilidad. No solo permiten, sino también alientan la deforestación para levantar estructuras majestuosas como manifestación de desarrollo y modernidad. El deterioro del medioambiente hace más violentos los embates del clima. De todas maneras, es incomprensible que, a pesar de ello, se obstinen en construir mal. La primera marea viva se llevó el malecón del parque Sunset, un hito del régimen, por carecer de una barrera que amortiguara la fuerza del oleaje. Una de las escuelas recién remodeladas por un millón y medio de dólares debe ser intervenida de nuevo para reparar los daños causados por las lluvias. Más de un centenar de centros escolares sufrieron daños que pudieron evitarse. No es raro que las intervenciones en las calles secundarias, las escuelas periféricas y las plazas de los pueblos sean abandonadas sin haber sido concluidas. Y aquellas que han sido finalizadas, a veces, deben ser intervenidas de nuevo. El retraso en la reconstrucción de las escuelas públicas y los mercados municipales es proverbial. Los taludes de Los Chorros se resisten a permanecer quietos. Entretanto, las vías de comunicación son malas, los estudiantes asisten a clase en estructuras provisionales inadecuadas y el comercio sufre. Muchas de las nuevas estructuras no reciben el mantenimiento adecuado. El desgaste causado por el uso las despoja del encanto inicial. La estética de la fachada subestima la funcionalidad y la exigencia del mantenimiento adecuado. El recién inaugurado hospital es un buen ejemplo de esa tendencia que estima más la fachada que el uso y la funcionalidad. La invitación general a visitarlo, y a admirarlo, en horas saturó la sala de espera de un centro destinado a enfermedades graves y crónicas. La espera para pasar consulta o concertar una cita es interminable. La obsesión con la apariencia desvirtuó la finalidad de un hospital de tercer nivel con consecuencia graves, incluso fatales, para quienes demandan atención inmediata. El recorrido por las obras del modelo de Bukele puede alargarse, pero lo dicho es suficiente para comprobar que enfrenta un problema muy serio de operatividad. La incompetencia malogra sus mejores proyectos. El modelo tiene poca inteligencia para pensar, planificar y ejecutar. Reemplazó el talento con improvisación, lo cual tiene unos costos humanos y materiales imponderables. Y se deja llevar por impulsos primitivos, ansiosos por la gratificación inmediata sin medir las consecuencias. La incompetencia está también asociada con la corrupción. Las licitaciones y los contratos representan una oportunidad única para lucrarse a costa de un Estado manirroto. Otorga la ejecución de los proyectos a entidades sin experiencia, sin capacidad técnica y sin control de calidad, pero vinculadas a Casa Presidencial. La prioridad no es bienestar general, sino retribuir a los colaboradores leales. La eficacia de la exaltación de la figura presidencial en un hecho comprobado, pero frágil. El edificio del poder carece de fundamentaciones sólidas y sus dependencias, de contenido real. El muro de contención de esa estructura tan deslumbrante no ofrece garantías. Puede ceder en el momento menos pensado. La contradicción entre el encumbramiento de Bukele y la ineficiencia operativa es insostenible a largo plazo. El éxito estético es su peor enemigo, ya que carece de fundamentación sólida. Cuestión abierta es cuánto presión puede soportar antes de derrumbarse. De momento, es ...
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    8 min
  • La civilización del amor en Magnifica humanitas y san Óscar Romero
    Jun 16 2026
    La primera encíclica del papa León XIV, titulada Magnífica humanitas, versa sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. El texto está estructurado en cinco capítulos y 245 párrafos. Uno de sus hilos conductores es la necesidad de construir una civilización del amor que enfrente las graves consecuencias que pueda generar la cultura del poder, potenciada por el paradigma tecnocrático. Otro hilo conductor y presupuesto de la encíclica es hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. En otras palabras, el texto busca responder a tres preguntas esenciales propias del pensamiento social cristiano: ¿cómo hacer más humana a la sociedad?, ¿cómo garantizar un mayor respeto a la persona? y ¿cómo cuidar y potenciar sus derechos? En el quinto capítulo, “La cultura del poder y la civilización del amor”, el papa compara dos lógicas opuestas: por un lado, la tentación de construir la torre de Babel, confiando en el poder y el orgullo; por otro, la paciencia de reconstruir Jerusalén, como en tiempos de Nehemías, “pieza por pieza”, cuidando lo humano y el bien común. Se trata de una elección decisiva que ha de realizar la ciudadanía ética, la “magnífica humanidad”. En los tiempos que vivimos, según León XIV, se está consolidando una cultura del poder en la que la disponibilidad de medios y la capacidad de dominar tienden a dictar la agenda y los criterios de decisión, relegando el bien común a un segundo plano. Más todavía, esa cultura del poder se expande normalizando la guerra, persiguiendo un poder militar cada vez mayor y alimentando un falso realismo, el cual repite que no existen alternativas. Pero la encíclica afirma que sí hay opciones. La propuesta es la civilización del amor. Para el papa, “la civilización del amor no es una utopía ingenua, sino un proyecto exigente. Consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia, en dar cuerpo institucional a la fraternidad y en considerar al otro —ya sea persona o pueblo— como un aliado necesario para la construcción del bien común”. En este enfoque, la inteligencia artificial debería estar al servicio del potencial humano y de las más altas aspiraciones, no en competencia con ambos. Ahora bien, el papa advierte que “la civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización”. El Papa propone cinco vías de responsabilidad en la consecución de este proyecto. Primero, desarmar las palabras. La primera contribución que podemos hacer a una civilización más humana es prestar atención a nuestras palabras. Desarmando las palabras contribuiremos a desarmar la tierra. El poder de las palabras es enorme y lo experimentamos en la comunicación cotidiana cuando alguien dice algo que cambia el estado de ánimo, ya sea para bien o para mal. Segundo, construir la paz en la justicia. Todos, a cualquier nivel, podemos contribuir al fundamento de la paz, que es la justicia. De hecho, no buscamos una paz cualquiera, una ausencia de conflicto a cualquier precio, sino esa paz verdadera que nace de la justicia. Tercero, asumir la mirada de las víctimas. Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en “no ser cómplices”. Cuarto, cultivar un sano realismo. El realismo auténtico no renuncia a cambiar el mundo: comienza por ver con claridad los intereses, los miedos, las limitaciones y las relaciones de poder, precisamente para calcular qué es posible lograr y con qué pasos. Quinto, relanzar el diálogo. Para construir la civilización del amor, debemos ejercitar el diálogo. Este es el principal instrumento de la convivencia entre personas y entre pueblos, y es la alternativa al conflicto abierto. Comentario aparte merecen los números 124 y 125 del tercer capítulo, donde se habla de la grandeza de la persona humana. Ahí se dice que “algunos acontecimientos ayudan a ver que la historia puede cambiar cuando al menos un solo hombre o una sola mujer se toma realmente en serio la dignidad de todos”. En esta línea, se mencionan el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, vinculado al testimonio de Martin Luther King Jr., y el fin del apartheid en Sudáfrica después de la liberación de Nelson Mandela y su decisión de no poner el futuro en manos del odio. Asimismo, se habla de mujeres valientes y generosas como santa Laura Montoya, santa Teresa de Calcuta, Dorothy Day, Maria Sk?odowska-Curie, María Montessori, Elisabeth Elliot, Wangari Maathai, Benazir Bhutto y tantas otras de todos los continentes que con su esfuerzo han contribuido a hacer más humana la historia. Y al referirse a los mártires de la fraternidad...
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    8 min
  • Un 1 de junio sin palabras
    Jun 12 2026
    Eludir la rendición anual de cuentas del poder ejecutivo en el pleno legislativo no es ninguna novedad. Todos los presidentes de la posguerra la evadieron, aunque disimuladamente. No faltaron a la cita, pero no rindieron cuentas, sino enumeraron sus logros en largos discursos. Los legisladores de entonces asintieron sin más. La autocrítica y el cuestionamiento no tienen cabida en el régimen presidencialista. Al presidente no se lo cuestiona ni crítica. Este año, Bukele hizo lo mismo que sus antecesores, tampoco rindió cuentas. Pero lo hizo de manera irreverente. No acudió a la cita con los diputados. A último minuto, decidió no comparecer y guardar silencio. En lugar del discurso de estilo, inauguró un hospital resplandeciente, cuya magnificencia bastó para que el presidente de la legislatura declarara en X que daba “por recibido el informe anual de labores”. A diferencia de sus predecesores, Bukele se saltó la formalidad constitucional que ordena al presidente del poder ejecutivo comparecer ante el pleno legislativo para dar cuenta de su gestión. Su ausencia está en consonancia con el poco aprecio que tiene de la Constitución. Su liderazgo no se somete a ninguna reglamentación externa que limite su extraordinaria capacidad creadora. Así lo expresó el vicepresidente al atribuir la violación constitucional a su “liderazgo disruptivo”. Que un fanático del oficialismo se exprese en esos términos es comprensible, pero no que lo haga un reputado constitucionalista. Un vocero del oficialismo calificó la sustitución de la comparecencia presidencial por la inauguración de una megaestructura como una “genialidad”. La adulación pierde a estos voceros de la dictadura. Romper “los cánones tradicionales” no es, en sí mismo, ningún mérito. Los pandilleros, los narcotraficantes, los corruptos y los delincuentes también lo hacen. El ordenamiento constitucional es un elemento fundamental de la república, introducido por sus fundadores para impedir, precisamente, el liderazgo arbitrario y caprichoso del absolutismo monárquico. Ahora bien, el oficialismo tiene un punto a su favor al señalar que Bukele sustituyó “la política de la retórica, de los grandes discursos, a veces muy pomposos, a veces llenos de fraseología” por “la política de los hechos”. Sin embargo, no es una política de “los hechos”, sino de “un hecho único”: un hospital fulgurante, presentado como el logro más grande de sus siete años en el poder. El mérito no es solo suyo. El último gobierno del FMLN lo planificó, lo diseñó y lo financió. Bukele solo debía ejecutar la obra, pero desechó el trabajo hecho y comenzó desde cero. En el camino desaparecieron los 170 millones de dólares prestados por el BID y miles de empleados que durante décadas prestaron sus servicios en el hospital. Si bien no hubo discurso, la cadena nacional exhibió, en una cuidada puesta en escena pregrabada de más de una hora de duración, la inauguración del hospital. Bukele recorrió sus relucientes pasillos, se exhibió al lado de equipo de alta tecnología, habló de robots quirúrgicos y anunció los servicios del nuevo hospital. La mayor parte de la audiencia perdió el interés a los pocos minutos y se desconectó de la transmisión. La elogiada “política de los hechos” no suscitó mayor entusiasmo. Casa Presidencial no las debe tener todas consigo para cancelar intempestivamente el discurso de Bukele. En realidad, pocos logros tiene en su haber. La seguridad está desgastada por tanta repetición. La educación y la salud son más proyectos que realidades. El imperio de la ley y el orden, una promesa periódica, aguarda tiempos mejores. La publicación de los datos gruesos del patrimonio de los funcionarios, aunque forzada por el FMI, es un paso en la dirección correcta, pero fue descartado, ya que removió las aguas turbias de la corrupción. Otros temas de actualidad como la inflación, la deuda, la reforma de las pensiones, la crisis agroalimentaria y ambiental, o la vulnerabilidad ante desastres naturales fueron descartados por desdecir de un discurso destinado a seducir. De todas maneras, las luces led del nuevo hospital no son lo suficientemente deslumbrantes como para despejar los nubarrones que ya se ciernen amenazadores sobre él. En la inauguración se hicieron presentes los síntomas de un sistema de salud colapsado: desabastecimiento crónico de medicamentos, exceso de demanda e insuficiencia de personal, ausencia de planificación técnica y financiera, y falta de proyección sanitaria. Ninguna de estas carencias se supera con tecnología. Los hospitales modernos son indispensables para un buen sistema de salud, pero no son suficientes. Ningún hospital por grande, equipado e iluminado que sea puede satisfacer la demanda de salud de la población sin privilegiar la prevención, la atención primaria y el bienestar general. Un hospital como el inaugurado solo contribuye a ...
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    8 min
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