Couverture de Editoriales y Opiniones

Editoriales y Opiniones

Editoriales y Opiniones

De : Radio YSUCA
Écouter gratuitement

Offres de saison | 0,99 € par mois pendant les 3 premiers mois

5,99 €/mois par la suite. Des conditions s’appliquent. Annulation mensuelle possible.
Editoriales y Opiniones de la UCA que se emiten vía YSUCA, 91.7FM y en línea www.ysuca.org.sv. Con temas de realidad nacional e internacional© 2026 Radio YSUCA Politique et gouvernement Sciences politiques
Épisodes
  • Multilateralismo no, soberanía sí
    Oct 9 2026
    El discurso de El Salvador en la Asamblea General de la ONU fue rompedor por cuestionar abiertamente la actividad de la organización, pero no dijo nada nuevo. Siguió la línea trazada por Bukele en las comparecencias de 2019 y 2024. Pese a ello, la reciente intervención de la canciller es relevante por la incongruencia en una cuestión importante. “¿A dónde están las Naciones Unidas?”, preguntó provocativamente, en un mundo donde millones mueren víctimas de las guerras, el hambre, la violencia y las enfermedades. Estas situaciones, agregó, serían evitables si la ONU interviniera. En efecto, su intervención es indispensable para superar esas crisis y proporcionar ayuda humanitaria. La canciller de Bukele reclamó una ONU activa y eficaz. Simultánea y contradictoriamente, exigió respetar la soberanía. En consecuencia, los países en guerra, enfermos y hambrientos pueden invocarla y rechazar la intervención en sus asuntos, con lo cual el multilateralismo queda en agua de borrajas. El Salvador de Bukele procede de la misma manera. Ha ignorado los repetidos cuestionamientos de los organismos de la ONU a propósito de los medios utilizados para reducir la violencia, la práctica de la tortura, la prolongación del régimen de excepción, el desconocimiento de las garantías procesales, las condiciones de los encarcelados, las desapariciones y el uso excesivo de la fuerza. El país de la canciller no practica el multilateralismo que predica. Es incomprensible pedir a otros países que acepten la intervención de la ONU en sus asuntos cuando el propio ignora una larga lista de críticas, de solicitudes de información y de recomendaciones. El multilateralismo que la canciller reclama con firmeza para resolver crisis humanitarias y de humanidad como las de El Salvador es imposible sin intervenir en sus asuntos internos. De todas maneras, insistió en que la cooperación multilateral y la soberanía son compatibles, pero no explicó cómo se conjugan. Hubiera sido muy iluminador que hubiera explicado cómo hace El Salvador para convivir con ambos. En concreto, cómo combina la unión centroamericana con la soberanía salvadoreña. En El Salvador actual, cualquier indicación que no provenga directamente de Bukele es inadmisible. Esta es una de las muchas ocasiones en las que sus funcionarios no saben bien lo que dicen ni lo que hacen. Las confusiones no son triviales, porque dejan en evidencia la improvisación y la desorientación gubernamental, lo cual alimenta la desconfianza. La canciller tiene razón al señalar que la credibilidad y el vigor de la ONU están en bancarrota. Pero no porque su dirección sea mediocre, sino porque sus miembros no la dejan intervenir. Las potencias tienen poder de veto y los demás miembros hacen caso omiso de sus directrices si no les convienen. El Salvador de Bukele es un buen ejemplo. Dado el estado de la cuestión, la canciller debió aprovechar la ocasión para exhortar a unos y otros a comprometerse con la reforma estructural de la ONU. Pero tampoco lo hizo. No desea una ONU “ágil, representativa, eficaz y transparente”. La diplomacia salvadoreña se siente más cómoda con la política exterior de China, que, por principio, no interviene en los asuntos internos de los países receptores de su ayuda. Además, es contradictorio exigir a la ONU unas características que, en virtud de la soberanía, repudia abiertamente. Tampoco le interesa que el próximo secretario general sea independiente, dialogante, coherente y comprometido con la reforma de la ONU. El Salvador de Bukele votará por el candidato de Washington. No lo hará con criterio propio, sino alineado con Trump, de quien depende para su sobrevivencia y a quien, por tanto, le ha entregado la soberanía nacional. El multilateralismo invocado por la canciller suena bien en el seno de la comunidad internacional. Sin embargo, el tema no figura en la agenda salvadoreña. La canciller usó la tribuna de la asamblea general para atacar a la ONU desde una perspectiva nacionalista extremista, en la misma línea que el Washington de Trump. No interesa una ONU operativa, sino su desprestigio para restar crédito a sus críticas y llamados de atención. En suma, ni multilateralismo, ni soberanía, sino pragmatismo puro y duro. Y eso a pesar de que los programas patrocinados por la primera dama cuentan con la colaboración de varios de sus organismos especializados en la infancia. Los funcionarios de Bukele se esfuerzan por presentar la cara más amable de su modelo. Su entrega llega al extremo de adoptar posturas absurdas, contradictorias o sencillamente embusteras que ponen en juego su prestigio personal. La apuesta es arriesgada. El poder no suele tener consideración con sus colaboradores. Si es necesario, los sacrifica sin remordimiento. El discurso insustancial y contradictorio de la canciller en la ONU hizo un flaco servicio a un Bukele que aspira a ser reconocido como el gran líder de la ...
    Afficher plus Afficher moins
    7 min
  • El sueño morazánico es una pesadilla
    Oct 2 2026
    La unidad centroamericana fue imposible desde siempre. El general Francisco Morazán se empeñó en imponerla por la fuerza de las armas. Antes, otro general, Gerardo Barrios, la reclamó insistentemente, porque no estaba convencido de la viabilidad de un El Salvador independiente. Lo encontraba “atrasado”, “menesteroso” y “mal administrado”. En este contexto, el general Morazán se erigió en el adalid de la unión centroamericana. Después de él, los generales Justo Rufino Barrios y José Santos Zelaya lo volvieron a intentar con el mismo método militar e igual resultado. Estos intentos provocaron enconadas guerras regionales que sacrificaron miles de vidas en aras de un ideal imposible y que dejaron a los países devastados. Los generales sabían destruir, pero no construir. Ningún país estaba dispuesto a que un general le impusiera por la fuerza la unidad regional. Esa es la razón del fracaso de Morazán y de los demás generales. Desde entonces hasta el día de hoy, ninguna república centroamericana está dispuesta a renunciar a su soberanía para conforma una unidad regional, por muchas ventajas que ofrezca. Sin renunciar a una buena parte de la soberanía nacional, la unidad regional es imposible. La única unidad real, aunque breve, fue el mercado común de la década de 1960. Pero igual sucumbió por la incapacidad de los gobernantes de turno para superar los desequilibrios económicos creados por dicho mercado. En teoría, todos desean la unidad regional; en la práctica, se oponen con la misma pasión. El CA-4, un tímido intento para agilizar el tránsito de personas entre cuatro países del istmo, cayó víctima de la paranoia burocrática. La misma suerte han corrido los organismos de integración regional, excepto la coordinación de los generales durante la Guerra Fría. Los presidentes centroamericanos no se reúnen ni siquiera por razones protocolarias. El parlamento centroamericano no legisla; es un reducto tranquilo para funcionarios sin cargo nacional. El SICA es otro elefante blanco. Buenas y elocuentes palabras, cero avances. Buenos salarios y privilegios, cero concreciones. El mausoleo de Morazán es un monumento para honra y gloria de Bukele (como Trump, tiene debilidad por la monumentalidad). La autenticidad de los restos del general es irrelevante. La discrepancia con sus ideales liberales, que reclamaban el régimen democrático, la separación de poderes, el respeto a la ley, las libertades públicas, incluida la de prensa, y la secularización del Estado, no tiene ninguna importancia. Solo interesa la asociación de Bukele con Morazán. La unidad regional, el único ideal morazánico que salió a relucir en la inauguración del mausoleo, es irrealizable. Imitar a Morazán recurriendo a la fuerza militar no es opción. Bukele no dispone de un ejército para desarrollar y sostener una operación de esa envergadura. El suyo es un ejército de desfiles. Aparte de que Washington no tolerará una aventura de esa naturaleza que ponga en cuestión sus pretensiones hegemónicas en la región. La única posibilidad es unir la región alrededor del modelo de Bukele. Los gobernantes regionales ideológicamente afines utilizan un lenguaje similar al suyo, pero no se lo apropian. En parte, porque la institucionalidad democrática no se los permite. En parte, porque las condiciones internas son muy diferentes. En parte, porque la intensa personalización del modelo impide que pueda ser asumido por alguien que no sea el mismo Bukele. En suma, el mausoleo de Morazán no honra ninguno de sus ideales liberales. Solo interesa su atuendo militar decimonónico y la espada. Lo más vistoso y los más superficial, exhibido en un escenario operístico sin el encanto de la ópera. Cuando esto sucede, se hace el ridículo. De todas maneras, la asociación de Bukele con un héroe del siglo XIX es sorprendente, dados sus esfuerzos por anular el pasado. Perturbó el descanso de Morazán para asociarse a una aventura militar que solo dejó ideales y destrucción. Pudo más el deseo de reafirmar el liderazgo que la sensatez. De todas maneras, nunca es tarde para plantear el porqué no de la unidad centroamericana, el porqué no renunciar a la soberanía estrecha de la nación aislada para crear otra general y más fuerte, y el porqué derrochar en un lujoso mausoleo cuando las mayorías que Morazán quiso liberar de la opresión padecen la subida incontenible del costo de la vida. Al final, el mausoleo es un lugar más para visitar en el parque de atracciones en que se ha convertido el centro de la capital. El sueño morazánico de una Centroamérica unida y libre de la opresión es una pesadilla para los poderes fácticos. * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
    Afficher plus Afficher moins
    7 min
  • La tecnología es ambigua, no neutral
    Oct 1 2026
    La encíclica Magnifica humanitas de León XIV es clara al afirmar que la tecnología tiene un carácter ambiguo, no neutral. La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En sí misma, explica el papa, ni es una solución a los problemas de la humanidad, ni un mal. Se reconoce que, a lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad y que cada etapa del progreso ha puesto de manifiesto la dimensión ambigua de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien común. Ayer y hoy, la neutralidad (o no) de las nuevas tecnologías ha sido una de las cuestiones más polémicas. Algunos afirman que la tecnología es neutral y que todo depende del uso que se haga de ella. Los defensores de esta posición sostienen que la tecnología es una herramienta que no tiene propiedades o valores intrínsecos, y que lo importante no es la tecnología en sí misma, sino el contexto (los sistemas sociales, económicos y productivos) en el que está integrada. Para Adela Cortina, filósofa española, ninguna tecnología es neutra, ya que los algoritmos y sistemas incorporan de manera inevitable los sesgos, valores, intereses y visiones de quienes los diseñan y financian. Frente a esta problemática, en la encíclica se plantea la necesidad de adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico. Sin embargo, para León XIV, la cuestión no se limita a la regulación: hay que preguntarse, con realismo, quién detenta ese poder y hacia qué fines lo orienta. El papa señala que en el pasado eran principalmente los Estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico, comenta el papa, adquiere un rostro inédito, predominantemente privado y, por ello, aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común. En esa línea, la encíclica exhorta a no ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática y el conocimiento del ADN humano, entre otros, dan a quienes tienen el conocimiento y el poder económico para explotarlos un dominio sobre el conjunto de la humanidad. De ahí surge uno de las principales alertas planteadas en la encíclica: si la técnica se convierte en criterio absoluto, la persona corre el riesgo de ser tratada como un dato, un engranaje o una mercancía; si, por el contrario, la técnica se inscribe en un horizonte de sabiduría, puede convertirse en una oportunidad de crecimiento, justicia y fraternidad. Hace varias décadas (1979), el rector mártir de la UCA, Ignacio Ellacuría, escribió un artículo titulado “El concepto filosófico de tecnología apropiada”. En el texto se plantean unos juicios crítico-utópicos sobre la tecnología que pueden ayudar a comprender la problemática actual. Ellacuría partía de algunas constataciones históricas: nunca antes tanta fuerza y tanto poder habían estado en manos de la humanidad; el poder aniquilador de la técnica era más eficaz e inmediato que su poder constructor o su poder defensivo; se contaba con los recursos técnicos suficientes para resolver los problemas básicos de toda la humanidad; y la técnica hacía posible la vida humana y no había que entenderla como un simple mal necesario. Con base en ello, Ellacuría afirmaba que sería ingenuo pensar que la técnica, dejada a su propio dinamismo, traería solo bienes. El deterioro del medioambiente y el agotamiento de los recursos no renovables, decía, mostraban que la técnica puede tener consecuencias fatales y que el tipo de hombre y de sociedad que estaría generando no debe considerarse como el ideal humano de plenitud y felicidad. De ese modo, propuso una tecnología que respondiera al todo social deseado y que condujera al perfeccionamiento de ese todo. Para Ellacuría, la técnica apropiada sería aquella que favoreciera el poder salvador de la técnica y redujera al máximo su poder destructor. A su juicio, la técnica no es neutra: puede propiciar un mundo humano o inhumano, puede ser opresora o liberadora, puede construir o destruir, puede ocultar o revelar. Desde el pensamiento crítico, Ellacuría describió un cuadro deshumanizador del mundo: Al proyectarse el hombre sobre el mundo mediante el acto creador de la técnica, proyecta también su ansia de dominio. En el séptimo día de la humanidad, los hombres no podremos decir, al contemplar nuestras realizaciones técnicas, que todo ha sido bueno. Los desastres ecológicos, las fábricas inhumanas, las viviendas inhabitables, los hombres desnutridos, las desigualdades sociales, las ciudades monstruosas, ...
    Afficher plus Afficher moins
    9 min
adbl_web_anon_alc_button_suppression_t1
Aucun commentaire pour le moment