Épisodes

  • La trampa del descontento político
    Oct 12 2026
    En 2027, la población elegirá al presidente, los diputados y los alcaldes municipales que gobernarán los próximos años. A menos de un año de los comicios, los datos de opinión pública revelan una marcada preferencia por la continuidad del actual Gobierno, pero también muestran señales de desgaste político en el partido oficial. La más reciente encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop), realizada en mayo de 2026, muestra que el 63.3% de los encuestados votaría en la elección presidencial por el partido Nuevas Ideas. Este porcentaje es mayor al registrado en mayo de 2023 para este mismo instituto, cuando el 53.7% afirmó que votaría por el partido oficial. Tal como lo muestran sondeos anteriores, este apoyo al oficialismo está vinculado a la alta popularidad de Nayib Bukele y a los logros que se perciben como resultado de su gestión. Tras siete años de gobierno, la población califica el trabajo presidencial con una nota de 8.24 y el 69.8% indica tener mucha o alguna confianza en el mandatario. A esto se suma que el 96.6% de la ciudadanía percibe una disminución de la delincuencia y el 91.2% se siente seguro en el lugar que vive. No obstante, esa popularidad no se traduce en similar simpatía por Nuevas Ideas: la población tiene una opinión menos favorable sobre el trabajo de la Asamblea Legislativa y las municipalidades, cuyos integrantes fueron electos mayoritariamente bajo la bandera del partido oficial. En mayo de este año, la Asamblea obtuvo una calificación ciudadana de 6.34 y las alcaldías, una nota reprobatoria de 5.1. En ese contexto, al consultarle a la población por su partido de preferencia, solo 34.2% mencionó a Nuevas Ideas, lo que representa una caída considerable frente al 40.6% registrado en mayo de 2023. A esto se une una percepción de falta de alternativas políticas confiables: para el 22.7% de los encuestados, lo mejor es que surja un nuevo partido político, diferente a todos los demás, y solo el 4% considera que algún partido de oposición debería gobernar. Por otra parte, la encuesta evidencia insatisfacción con el trabajo de las alcaldías, los diputados y, en menor grado, el Gobierno. El 38.1% de los encuestados afirma que nadie ha ayudado a resolver los problemas del lugar donde vive; el 68.6% expresa estar poco o nada satisfecho con el trabajo de su alcaldía; el 52.4% considera que las leyes aprobadas por los diputados le benefician poco o nada; y el 37.8% dice que el Gobierno ha escuchado poco o nada las demandas de la población. Este panorama puede analizarse desde el concepto de “descontento vertical”, desarrollado por los académicos Gabriel Kessler y María Victoria Murillo, que alude a un rechazo a las élites políticas que tiende a traducirse en menores tasas de participación electoral. Según la encuesta de mayo, el 16.5% no iría a votar, dejaría la papeleta en blanco o anularía su voto en las próximas elecciones. Esta intención es más común entre la población más descontenta: el 28.1% de quienes están insatisfechos con su alcaldía, el 33.7% de los que no perciben ningún beneficio en las leyes aprobadas por los diputados y el 44.6% de las personas que declaran que el Gobierno no escucha sus demandas. Asimismo, la encuesta muestra una creciente preocupación por la corrupción en el Estado. El 43.3% de la población considera que hay mucha o alguna corrupción gubernamental, un porcentaje mayor al 32.7% registrado a finales de 2023 por el Iudop. Pero esta preocupación no se traduce, entre quienes la manifiestan, en un mayor apoyo a otras opciones políticas, sino que coincide con una mayor intención de no votar, dejar la papeleta en blanco o anular su voto. Entre quienes perciben mucha corrupción, solo el 27.1% votaría por Nuevas Ideas y el 42.2% decidiría no hacer efectivo su voto. Este comportamiento resulta paradójico: en un contexto de baja participación, la insatisfacción con la gestión gubernamental podría contribuir a mantener la concentración del poder. El escenario no es nuevo. Por ejemplo, en marzo de 2024, según datos del Tribunal Supremo Electoral (TSE), solo tres de cada diez personas (30.1%) inscritas en el padrón electoral participaron en las elecciones municipales, lo que convirtió esos comicios en los de menor participación electoral registrados por el TSE. Por ello, la pregunta relevante para 2027 no es quién ganará, sino cuántas personas decidirán participar y qué harán el sistema político, las instituciones y las organizaciones con quienes creen que votar no cambia nada.
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  • Multilateralismo no, soberanía sí
    Oct 9 2026
    El discurso de El Salvador en la Asamblea General de la ONU fue rompedor por cuestionar abiertamente la actividad de la organización, pero no dijo nada nuevo. Siguió la línea trazada por Bukele en las comparecencias de 2019 y 2024. Pese a ello, la reciente intervención de la canciller es relevante por la incongruencia en una cuestión importante. “¿A dónde están las Naciones Unidas?”, preguntó provocativamente, en un mundo donde millones mueren víctimas de las guerras, el hambre, la violencia y las enfermedades. Estas situaciones, agregó, serían evitables si la ONU interviniera. En efecto, su intervención es indispensable para superar esas crisis y proporcionar ayuda humanitaria. La canciller de Bukele reclamó una ONU activa y eficaz. Simultánea y contradictoriamente, exigió respetar la soberanía. En consecuencia, los países en guerra, enfermos y hambrientos pueden invocarla y rechazar la intervención en sus asuntos, con lo cual el multilateralismo queda en agua de borrajas. El Salvador de Bukele procede de la misma manera. Ha ignorado los repetidos cuestionamientos de los organismos de la ONU a propósito de los medios utilizados para reducir la violencia, la práctica de la tortura, la prolongación del régimen de excepción, el desconocimiento de las garantías procesales, las condiciones de los encarcelados, las desapariciones y el uso excesivo de la fuerza. El país de la canciller no practica el multilateralismo que predica. Es incomprensible pedir a otros países que acepten la intervención de la ONU en sus asuntos cuando el propio ignora una larga lista de críticas, de solicitudes de información y de recomendaciones. El multilateralismo que la canciller reclama con firmeza para resolver crisis humanitarias y de humanidad como las de El Salvador es imposible sin intervenir en sus asuntos internos. De todas maneras, insistió en que la cooperación multilateral y la soberanía son compatibles, pero no explicó cómo se conjugan. Hubiera sido muy iluminador que hubiera explicado cómo hace El Salvador para convivir con ambos. En concreto, cómo combina la unión centroamericana con la soberanía salvadoreña. En El Salvador actual, cualquier indicación que no provenga directamente de Bukele es inadmisible. Esta es una de las muchas ocasiones en las que sus funcionarios no saben bien lo que dicen ni lo que hacen. Las confusiones no son triviales, porque dejan en evidencia la improvisación y la desorientación gubernamental, lo cual alimenta la desconfianza. La canciller tiene razón al señalar que la credibilidad y el vigor de la ONU están en bancarrota. Pero no porque su dirección sea mediocre, sino porque sus miembros no la dejan intervenir. Las potencias tienen poder de veto y los demás miembros hacen caso omiso de sus directrices si no les convienen. El Salvador de Bukele es un buen ejemplo. Dado el estado de la cuestión, la canciller debió aprovechar la ocasión para exhortar a unos y otros a comprometerse con la reforma estructural de la ONU. Pero tampoco lo hizo. No desea una ONU “ágil, representativa, eficaz y transparente”. La diplomacia salvadoreña se siente más cómoda con la política exterior de China, que, por principio, no interviene en los asuntos internos de los países receptores de su ayuda. Además, es contradictorio exigir a la ONU unas características que, en virtud de la soberanía, repudia abiertamente. Tampoco le interesa que el próximo secretario general sea independiente, dialogante, coherente y comprometido con la reforma de la ONU. El Salvador de Bukele votará por el candidato de Washington. No lo hará con criterio propio, sino alineado con Trump, de quien depende para su sobrevivencia y a quien, por tanto, le ha entregado la soberanía nacional. El multilateralismo invocado por la canciller suena bien en el seno de la comunidad internacional. Sin embargo, el tema no figura en la agenda salvadoreña. La canciller usó la tribuna de la asamblea general para atacar a la ONU desde una perspectiva nacionalista extremista, en la misma línea que el Washington de Trump. No interesa una ONU operativa, sino su desprestigio para restar crédito a sus críticas y llamados de atención. En suma, ni multilateralismo, ni soberanía, sino pragmatismo puro y duro. Y eso a pesar de que los programas patrocinados por la primera dama cuentan con la colaboración de varios de sus organismos especializados en la infancia. Los funcionarios de Bukele se esfuerzan por presentar la cara más amable de su modelo. Su entrega llega al extremo de adoptar posturas absurdas, contradictorias o sencillamente embusteras que ponen en juego su prestigio personal. La apuesta es arriesgada. El poder no suele tener consideración con sus colaboradores. Si es necesario, los sacrifica sin remordimiento. El discurso insustancial y contradictorio de la canciller en la ONU hizo un flaco servicio a un Bukele que aspira a ser reconocido como el gran líder de la ...
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  • El sueño morazánico es una pesadilla
    Oct 2 2026
    La unidad centroamericana fue imposible desde siempre. El general Francisco Morazán se empeñó en imponerla por la fuerza de las armas. Antes, otro general, Gerardo Barrios, la reclamó insistentemente, porque no estaba convencido de la viabilidad de un El Salvador independiente. Lo encontraba “atrasado”, “menesteroso” y “mal administrado”. En este contexto, el general Morazán se erigió en el adalid de la unión centroamericana. Después de él, los generales Justo Rufino Barrios y José Santos Zelaya lo volvieron a intentar con el mismo método militar e igual resultado. Estos intentos provocaron enconadas guerras regionales que sacrificaron miles de vidas en aras de un ideal imposible y que dejaron a los países devastados. Los generales sabían destruir, pero no construir. Ningún país estaba dispuesto a que un general le impusiera por la fuerza la unidad regional. Esa es la razón del fracaso de Morazán y de los demás generales. Desde entonces hasta el día de hoy, ninguna república centroamericana está dispuesta a renunciar a su soberanía para conforma una unidad regional, por muchas ventajas que ofrezca. Sin renunciar a una buena parte de la soberanía nacional, la unidad regional es imposible. La única unidad real, aunque breve, fue el mercado común de la década de 1960. Pero igual sucumbió por la incapacidad de los gobernantes de turno para superar los desequilibrios económicos creados por dicho mercado. En teoría, todos desean la unidad regional; en la práctica, se oponen con la misma pasión. El CA-4, un tímido intento para agilizar el tránsito de personas entre cuatro países del istmo, cayó víctima de la paranoia burocrática. La misma suerte han corrido los organismos de integración regional, excepto la coordinación de los generales durante la Guerra Fría. Los presidentes centroamericanos no se reúnen ni siquiera por razones protocolarias. El parlamento centroamericano no legisla; es un reducto tranquilo para funcionarios sin cargo nacional. El SICA es otro elefante blanco. Buenas y elocuentes palabras, cero avances. Buenos salarios y privilegios, cero concreciones. El mausoleo de Morazán es un monumento para honra y gloria de Bukele (como Trump, tiene debilidad por la monumentalidad). La autenticidad de los restos del general es irrelevante. La discrepancia con sus ideales liberales, que reclamaban el régimen democrático, la separación de poderes, el respeto a la ley, las libertades públicas, incluida la de prensa, y la secularización del Estado, no tiene ninguna importancia. Solo interesa la asociación de Bukele con Morazán. La unidad regional, el único ideal morazánico que salió a relucir en la inauguración del mausoleo, es irrealizable. Imitar a Morazán recurriendo a la fuerza militar no es opción. Bukele no dispone de un ejército para desarrollar y sostener una operación de esa envergadura. El suyo es un ejército de desfiles. Aparte de que Washington no tolerará una aventura de esa naturaleza que ponga en cuestión sus pretensiones hegemónicas en la región. La única posibilidad es unir la región alrededor del modelo de Bukele. Los gobernantes regionales ideológicamente afines utilizan un lenguaje similar al suyo, pero no se lo apropian. En parte, porque la institucionalidad democrática no se los permite. En parte, porque las condiciones internas son muy diferentes. En parte, porque la intensa personalización del modelo impide que pueda ser asumido por alguien que no sea el mismo Bukele. En suma, el mausoleo de Morazán no honra ninguno de sus ideales liberales. Solo interesa su atuendo militar decimonónico y la espada. Lo más vistoso y los más superficial, exhibido en un escenario operístico sin el encanto de la ópera. Cuando esto sucede, se hace el ridículo. De todas maneras, la asociación de Bukele con un héroe del siglo XIX es sorprendente, dados sus esfuerzos por anular el pasado. Perturbó el descanso de Morazán para asociarse a una aventura militar que solo dejó ideales y destrucción. Pudo más el deseo de reafirmar el liderazgo que la sensatez. De todas maneras, nunca es tarde para plantear el porqué no de la unidad centroamericana, el porqué no renunciar a la soberanía estrecha de la nación aislada para crear otra general y más fuerte, y el porqué derrochar en un lujoso mausoleo cuando las mayorías que Morazán quiso liberar de la opresión padecen la subida incontenible del costo de la vida. Al final, el mausoleo es un lugar más para visitar en el parque de atracciones en que se ha convertido el centro de la capital. El sueño morazánico de una Centroamérica unida y libre de la opresión es una pesadilla para los poderes fácticos. * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
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  • La tecnología es ambigua, no neutral
    Oct 1 2026
    La encíclica Magnifica humanitas de León XIV es clara al afirmar que la tecnología tiene un carácter ambiguo, no neutral. La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En sí misma, explica el papa, ni es una solución a los problemas de la humanidad, ni un mal. Se reconoce que, a lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad y que cada etapa del progreso ha puesto de manifiesto la dimensión ambigua de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien común. Ayer y hoy, la neutralidad (o no) de las nuevas tecnologías ha sido una de las cuestiones más polémicas. Algunos afirman que la tecnología es neutral y que todo depende del uso que se haga de ella. Los defensores de esta posición sostienen que la tecnología es una herramienta que no tiene propiedades o valores intrínsecos, y que lo importante no es la tecnología en sí misma, sino el contexto (los sistemas sociales, económicos y productivos) en el que está integrada. Para Adela Cortina, filósofa española, ninguna tecnología es neutra, ya que los algoritmos y sistemas incorporan de manera inevitable los sesgos, valores, intereses y visiones de quienes los diseñan y financian. Frente a esta problemática, en la encíclica se plantea la necesidad de adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico. Sin embargo, para León XIV, la cuestión no se limita a la regulación: hay que preguntarse, con realismo, quién detenta ese poder y hacia qué fines lo orienta. El papa señala que en el pasado eran principalmente los Estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico, comenta el papa, adquiere un rostro inédito, predominantemente privado y, por ello, aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común. En esa línea, la encíclica exhorta a no ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática y el conocimiento del ADN humano, entre otros, dan a quienes tienen el conocimiento y el poder económico para explotarlos un dominio sobre el conjunto de la humanidad. De ahí surge uno de las principales alertas planteadas en la encíclica: si la técnica se convierte en criterio absoluto, la persona corre el riesgo de ser tratada como un dato, un engranaje o una mercancía; si, por el contrario, la técnica se inscribe en un horizonte de sabiduría, puede convertirse en una oportunidad de crecimiento, justicia y fraternidad. Hace varias décadas (1979), el rector mártir de la UCA, Ignacio Ellacuría, escribió un artículo titulado “El concepto filosófico de tecnología apropiada”. En el texto se plantean unos juicios crítico-utópicos sobre la tecnología que pueden ayudar a comprender la problemática actual. Ellacuría partía de algunas constataciones históricas: nunca antes tanta fuerza y tanto poder habían estado en manos de la humanidad; el poder aniquilador de la técnica era más eficaz e inmediato que su poder constructor o su poder defensivo; se contaba con los recursos técnicos suficientes para resolver los problemas básicos de toda la humanidad; y la técnica hacía posible la vida humana y no había que entenderla como un simple mal necesario. Con base en ello, Ellacuría afirmaba que sería ingenuo pensar que la técnica, dejada a su propio dinamismo, traería solo bienes. El deterioro del medioambiente y el agotamiento de los recursos no renovables, decía, mostraban que la técnica puede tener consecuencias fatales y que el tipo de hombre y de sociedad que estaría generando no debe considerarse como el ideal humano de plenitud y felicidad. De ese modo, propuso una tecnología que respondiera al todo social deseado y que condujera al perfeccionamiento de ese todo. Para Ellacuría, la técnica apropiada sería aquella que favoreciera el poder salvador de la técnica y redujera al máximo su poder destructor. A su juicio, la técnica no es neutra: puede propiciar un mundo humano o inhumano, puede ser opresora o liberadora, puede construir o destruir, puede ocultar o revelar. Desde el pensamiento crítico, Ellacuría describió un cuadro deshumanizador del mundo: Al proyectarse el hombre sobre el mundo mediante el acto creador de la técnica, proyecta también su ansia de dominio. En el séptimo día de la humanidad, los hombres no podremos decir, al contemplar nuestras realizaciones técnicas, que todo ha sido bueno. Los desastres ecológicos, las fábricas inhumanas, las viviendas inhabitables, los hombres desnutridos, las desigualdades sociales, las ciudades monstruosas, ...
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  • Cristofascismo neoliberal
    Sep 25 2026
    El oficialismo se prepara para recibir, a finales de este mes, a unos mil pastores, organizados en una fraternidad continental. Esta clase de reuniones son comunes en los tiempos que corren. Hace poco, una rezó por el presidente en el Palacio Nacional. El que se llamen cristianas no garantiza la autenticidad. Frecuentemente, el cristianismo de estos grupos es cuestionable, porque se sirven de él para legitimar el neoliberalismo económico y su vertiente política, el autoritarismo. Estas corrientes han reunido de nuevo la religión y la política, el cristianismo y el Estado, separados por el liberalismo. El vicepresidente estadounidense asegura estar “haciendo toda la obra de Dios que puede” y el presidente colombiano lanza vivas a Cristo rey y un llamativo crucifijo preside sus dependencias. No son los únicos en confesar abiertamente la fe cristiana. Estos gobernantes invocan el nombre de Dios, le dan gracias y le rezan en público. No obstante, su fe es contraria a la de los patriarcas y los profetas del Antiguo Testamento, y a la de Jesús. Todos ellos hablan de defender al huérfano, a la viuda, al inmigrante y al pobre. El problema no es lo que estos mandatarios confiesan, sino lo que hacen. Ignoran a todos los que debieran defender y se ensañan con el inmigrante, pese a que sus antecesores lo fueron. Positivamente, fomentan la idolatría del capital, de la tecnología a la que se entregan incondicionalmente y de las armas de destrucción masiva. E inculcan el miedo, el odio, la violencia y la cultura de la prepotencia. La fe de los poderosos no es sincera, sino un recurso para endiosar, en palabras del papa Francisco, un orden económico injusto y al poder político que lo sustenta. Hace algunas décadas, una teóloga evangélica alemana acuñó el término cristofascismo para denunciar el apoyo del cristianismo al nazismo. Hoy, algunos representantes de confesiones cristianas diversas predican el cristofascismo neoliberal. Bendicen el poder de los multimillonarios. Un poder total y totalitario. De esa manera, han hecho de la fe cristiana una trinchera ideológica. El neoliberalismo, que unos promueven y otros bendicen, anuncia liberaciones fáciles e inmediatas. En la práctica, engrosa fortunas que ya son enormes y concentra el poder real con la ayuda de una tecnología omnipresente, todopoderosa y destructiva. El cristofascismo actual interpreta la concentración escandalosa de la riqueza como señal evidente de predilección divina, aun cuando es la raíz de la pobreza y la desigualdad, de las guerras y los desastres medioambientales. León XIV, en su encíclica Magnifica humanitas, atribuye este afán de poder total y totalitario sobre la creación y la humanidad al “deseo de plenitud” de personas enloquecidas con “metas engañosas”. En consecuencia, “con voz humilde, pero firme”, advierte a los fanáticos del desarrollo tecnológico y a los multimillonarios que lo financian que la plenitud no la alcanzarán suprimiendo la fragilidad humana, un imposible. Muchos menos idolatrando a una inteligencia artificial despiadada y deshumanizante. El papa pone en guardia contra ese falso realismo, que, ávido por hacer todo nuevo, destroza personas y sociedades. El mal y el pecado son reales, pero no se combaten con un mal de signo contrario, supuestamente bueno, el del poder y del dinero. El resultado habla por sí mismo. Mientras unos cuantos privilegiados persiguen “la quimera de una autoafirmación ilimitada”, niegan la posibilidad de una vida digna a pueblos enteros. Todo ello en nombre de un dios que piensan es cristiano. Sus mentores confirman su fe idolátrica que, en lugar de generar vida, causa la muerte lenta del hambre y la enfermedad, y la muerte rápida de la violencia. El verdadero progreso, dice León XIV, viene dado por la dignidad de cada uno y por el bienestar de la sociedad en su conjunto. Y se consigue cuando la inteligencia escucha, la voluntad busca más lo que une que lo que divide y la praxis cultiva la libertad y la responsabilidad, el cuidado mutuo y la solidaridad. Algo que el poder neoliberal y sus pastores no pueden aceptar, porque están convencidos de que no hay más verdad que la del mercado y porque supondría renunciar a las ambiciones totalitarias. La conversión siempre es posible si los cristofascistas neoliberales escuchan la Palabra de Dios y los clamores de los descartados, en lugar de las peticiones de los multimillonarios que reclaman más privilegios. Entonces, descubrirán el realismo de la misericordia de Jesús, que no tiene enemigos, sino solo hijos e hijas de su Padre y, por tanto, solo hermanas y hermanos. El evangelio de Jesucristo exige renunciar al neoliberalismo, al autoritarismo y a usar el nombre de Dios para justificarlos. Unas renuncias incomprensibles para el orgullo humano. Más realista es la observación de la embajadora en Washington para quien el encuentro de pastores es parte de “la ampliación de la oferta ...
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  • ¿Un país en paz?
    Sep 21 2026
    El Instituto para la Economía y la Paz (IEP, por sus siglas en inglés), un centro de investigación internacional independiente, publicó, en días recientes, su informe anual. El documento radiografía la situación de seguridad en 163 países del mundo, analizando tres grandes categorías mediante 23 indicadores cualitativos y cuantitativos. Las categorías analizadas son, en primer lugar, seguridad y protección social, que incluye indicadores como la criminalidad percibida, los homicidios, el terrorismo político y la inestabilidad política; en segundo lugar, conflictos internos e internacionales en curso; y en tercer lugar, militarización, que incorpora factores como el número de efectivos, la compra de armas y el presupuesto asignado al estamento militar. El informe mide el nivel de paz de cada país mediante estos indicadores y establece un ranking. Este año, el informe no contiene buenas noticias. A nivel internacional, la seguridad y la paz siguen deteriorándose. Por décimo segundo año consecutivo, el mundo es menos pacífico que en el año anterior. En 2026, la paz general se deterioró en 99 países, mejorando solo en 62. Los países que encabezan el ranking del Instituto comparten varias características. Por un lado, el Estado cumple la función que le corresponde de cara a la población, es decir, las instituciones públicas prestan un buen servicio a la sociedad. Además, existe cohesión social, la ciudadanía confía en las instituciones y goza de un buen nivel de vida, se registran bajos niveles de violencia y las relaciones con la comunidad internacional son armoniosas. Los cinco países con mayor nivel de paz son, en orden, Islandia, Nueva Zelanda, Suiza, Eslovenia e Irlanda. A la zaga del listado aparecen los países menos pacíficos del mundo: Rusia, Sudán, República Democrática del Congo, Ucrania e Israel. El Salvador aparece en la posición 121 de los 163 evaluados, por debajo de todos los países centroamericanos. Nicaragua es el más próximo, en el puesto 106; le sigue Honduras en el 96, Guatemala en la posición 88, Panamá en la 81 y Costa Rica en la 62. Estados Unidos aparece en el puesto 134, por debajo de El Salvador y de todos los países centroamericanos; en el año 2012, Estados Unidos ocupó la posición número 88 entre 158 países evaluados. El informe deja algo en claro: la paz no puede medirse solo por el número de homicidios. El Instituto tiene en cuenta otros factores relacionados con la seguridad y protección social, los conflictos y la militarización. Declarar que un país es el más pacífico de una región a partir únicamente de un indicador, como la tasa de homicidios, ofrece una visión parcial que no corresponde a una evaluación integral como la que realiza el IEP. La seguridad ciudadana es un primer paso imprescindible, pero por sí sola no basta. Hace falta, por ejemplo, que haya armonía social y que la ciudadanía sienta confianza en las instituciones para hablar con propiedad de una sociedad que pueda considerarse pacífica y segura.
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  • Culto a la patria neoliberal
    Sep 18 2026
    El oficialismo incluyó a “la primera infancia” en los desfiles del 15 de septiembre. El sistema educativo público al completo se empleó en organizar desfiles para regocijo de la juventud estudiantil y para unos padres orgullosos al ver a sus hijas e hijos ataviados con vistosos trajes de ocasión. El gasto extra no les pesa, aun cuando la vestimenta es de un solo uso. Algunos incluso se disfrazaron de campesinos felices, ajenos a la dureza de la agricultura de sobrevivencia y de las cortas. Otros personificaron a Bukele, su esposa, su ministra militar y Trump. Olvidados quedaron “los padres de la patria”. Por encima del folclore escolar independentista está el militar. El protagonismo del desfile del 15 de septiembre está reservado al ejército. Soldados y policías militarizados exhibieron una fuerza aparentemente sofisticada, pero que aún no ha sido puesta a prueba. Las pandillas se entregaron sin resistencia. Las lanchas narcotraficantes las interceptan con ayuda de la base militar estadounidense. En Haití están presenten, pero sin participar en la lucha contra las bandas criminales fuertemente armadas. Estas conmemoraciones, vistosas y concurridas, obligan a preguntar qué patria saludan o qué república celebran. Históricamente, la independencia del 15 de septiembre no fue un acontecimiento militar, sino eminentemente civil. La militarización de los Estados independientes llegó con las guerras libradas entre civiles transformados en militares, movidos por la ambición de prevalecer sobre sus rivales. Las batallas, sangrientas y destructivas, no las libraron con criterio nacional, sino faccional, unos se decían liberales y otros conservadores. La primera semana cívica la organizó Carlos Meléndez en 1915, el primero de una dictadura familiar de doce años. Enfatizó el culto a los símbolos patrios; en particular, a la bandera. Ordenó desarrollar en el aula temas “eminentemente tradicionales y patrióticos”, elaborados por intelectuales de la época. Dos años después, introdujo a los estudiantes en el desfile de las unidades militares, una especie de alegoría de la guerra. Por eso, solo los varones juraban la bandera. Desde entonces, militares y estudiantes son elementos obligados de la conmemoración, mientras la población encuentra en su desfilar un pasatiempo. El Salvador de Bukele no renace, sino da continuidad a una costumbre inveterada. Tampoco es nuevo, repite el rito prescrito para el culto a la patria, cuyos elementos son la bandera, la oración a la misma, el himno y el desfile de militares y estudiantes, contemplado por quienes no tienen mejor forma de divertirse en el feriado nacional. El rito patriótico, como todo rito, es repetitivo, pero, en este caso, es un acto vacío de significado: no interpela, no genera identidad fraterna y solidaria, ni sentido de pertenencia. Buena parte de los que participan, si pudieran, emigraran. Tal vez esa vaciedad explique por qué el desfile escolar ha adoptado expresiones corporales y musicales ajenas a los aires marciales. Comprensiblemente incómoda, dada su formación militar, la ministra de educación intentó cortar por lo sano semejantes desviaciones y recuperar el riguroso protocolo militar. Pero pronto desistió y se sumó al festejo. La patria la constituye un determinado territorio y sus habitantes, que la intelectualidad formula como nación y nacionalidad. Dado que estas se fundan en aquellos, no se puede celebrar una patria cuyos recursos naturales son depredados por la voracidad del capitalismo neoliberal. Ni cuando la mayoría de su gente sobrevive en precariedad y vulnerabilidad permanente. Una mayoría sin voz, que solo cuenta en los despliegues masivos del régimen y en las urnas. La patria es traicionada cuando se entrega a inversionistas para que exploten sus recursos sin otra consideración que obtener la máxima ganancia. Hoy en día, la patria se rige por las leyes del mercado neoliberal. Quienes no participan o no pueden hacerlo son sacrificados en orden a preservar la libertad del mercado, fundamental para su desarrollo. La tarea de gobernantes y políticos consiste en preservar la buena salud del mercado, aun cuando los ganadores son minoría y la mayoría es sumida en la pobreza extrema. La convivencia, la solidaridad y el bien común son desconocidas por el régimen capitalista neoliberal. El mercado neoliberal es totalitario y total. Los habitantes de la patria neoliberal no son más que entes económicos a su servicio. En consecuencia, el culto a esa patria reverencia el individualismo, la insolidaridad y el egoísmo, los valores supremos del neoliberalismo. No es extraño, entonces, que en los desfiles de este año no solo figuren jóvenes disfrazados de las autoridades del régimen de excepción, sino también del presidente estadounidense, una aberración que deja en evidencia hasta dónde ha llegado el sinsentido de la patria neoliberal. Existen alternativas. En muchos países la ...
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    8 min
  • Competencia lectora deficiente
    Sep 11 2026
    El mejor desempeño del país en lectura, matemáticas y ciencias en la prueba PISA no da pie para que Nayib Bukele declare que El Salvador se encuentra ahora a la altura de Alemania y Suecia. La honestidad con la realidad obliga a redimensionar una exageración, más entusiasta que real. La prueba trianual y mundial mide las habilidades de los estudiantes de quince años y enfatiza la resolución de problemas, no la memorización de los conocimientos. La comparación no pasó desapercibida. Los cuestionamientos obligaron al mandatario a precisar que su afirmación está referida solo a 171 escuelas públicas, dotadas de infraestructura, conectividad y del tutor de inteligencia artificial de Elon Musk. Pero una muestra tan pequeña y sesgada no puede extrapolarse al país, cuyos resultados dicen lo contrario. El 65 por ciento de los estudiantes está por debajo del nivel básico en ciencias, mientras que, en lectura y matemáticas, donde el atraso es aún mayor (71 y 88 por ciento), no hay cambios significativos desde 2022. Colocarse al mismo nivel de Alemania y Suecia es un despropósito. A nivel global, los resultados de la prueba muestran un descenso general del rendimiento educativo. De hecho, es el más bajo de los registrados hasta ahora. La tendencia general en Europa, Estados Unidos y América Latina, con algunas excepciones, es a la baja. En algunos países el deterioro es sostenido. Si el rendimiento de la muestra salvadoreña se aproxima al de Alemania y Suecia es porque el de estos países ha disminuido, no porque aquel haya aumentado hasta igualarlos. El deterioro general sostenido, incluido el salvadoreño, no es coyuntural, sino estructural. Las políticas educativas son erróneas. El informe de PISA pone en tela de juicio la inteligencia artificial y la generalización de los dispositivos digitales, dos apuestas fuertes de la educación de Bukele. Otras causas son la disminución de la curiosidad de la juventud y, por tanto, del esfuerzo para investigar. Si bien la relación de la inteligencia artificial con el rendimiento escolar es compleja y varía dependiendo de cómo y para qué la usan los estudiantes, el informe arroja datos elocuentes sobre sus alcances en el sistema de enseñanza-aprendizaje. Las competencias lectoras, la base del aprendizaje en todo currículo escolar, esenciales para encontrar, evaluar, interpretar y analizar la información, son las más perjudicadas. La disminución de la capacidad lectora es especialmente grave. Aquellos estudiantes que usan la inteligencia artificial para resumir textos, redactar o investigar, obtienen puntuaciones más bajas en ciencias que quienes no las usan. Y los que la usan con fines generales, es decir, no para reemplazar los procesos cognitivos, sino para complementarlos, obtienen resultados similares a los que no la usan. Esto quiere decir que la inteligencia artificial no hace diferencia. El uso intensivo de la inteligencia artificial está asociado a un menor rendimiento. Los cinco países que menos la usan con fines escolares se encuentran entre los diez con los mejores resultados en lectura, matemáticas y ciencias. La literatura científica, por su lado, coincide en señalar que puede contribuir a mejorar el aprendizaje cuando se utiliza como instrumento de apoyo para la comprensión, la retroalimentación inmediata y el desarrollo de habilidades de autorregulación. El reto de los sistemas educativos consiste, por tanto, no solo en facilitar el acceso a estas tecnologías, como es el caso salvadoreño, sino en desarrollar competencias digitales y en aprender a utilizarlas crítica, ética y pedagógicamente. ¿Cómo explicar, entonces, la fascinación con las nuevas tecnologías? El informe observa que los estudiantes se han convertido frecuentemente en conejillos de indias de las tecnológicas multinacionales para poner a prueba sus inventos más recientes. Esta práctica inescrupulosa es permitida, tolerada e impulsada por gobernantes fascinados con las soluciones fáciles e inmediatas, y con los propietarios multimillonarios de esas empresas. El sistema educativo nacional debe tomar notar de los hallazgos del informe PISA. No es buena idea entusiasmarse con el éxito de un pequeño plan piloto. Reproducir el éxito de 171 escuelas en todas las demás en año y medio es demasiado ambicioso, teniendo en cuenta el enorme rezago arrastrado por la educación desde 2022. Sin duda, como se dice con entusiasmo desde la cuenta presidencial en X, “podemos” instalar conectividad, capacitar docentes y proporcionar la misma tecnología. Pero hasta ahora solo ha podido hacerlo en un reducido grupo de escuelas. El enorme retraso del estudiantado nacional se mantiene invariable desde 2022. La competencia y la eficacia no caracterizan al modelo de Bukele. Dados estos resultados, sería insensato contraponer el éxito de un plan piloto de reducidas proporciones a la experiencia de los países ricos, que ya comprobaron los resultados ...
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