Couverture de SABINA: 24 DISCOS Y 500 NOVIAS

SABINA: 24 DISCOS Y 500 NOVIAS

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JOAQUÍN SABINA 24 discos y 500 novias danzar entre el crapulismo y la virtud, Sabina, se ha colado en el corazón de millones de personas. Quizá no te apasione, pero te sabes sus canciones. O sí. Te maravilla que, a pesar de sus 24 discos oficiales; de letras inmortales, de sus niñas que ya no quieren ser princesas, este trovador innove siempre. Que su público sepa lo que toca en los conciertos desde los primeros acordes. Sabina es un grande y los sabinistas, también. El andaluz de Malasaña pisó el acelerador tantas veces, que el en 2001 su salud dijo, hasta aquí. Desde entonces sólo piensa en las drogas con nostalgia. De abandonar los chupitos ni se hable. El tabaco aún le acompaña. Intentó dejarlo durante ocho meses. Los más largos de su vida, confiesa. Sin embargo, Sabina es un adicto a las emociones, a sus retos, a los escenarios, al olor de los bares, a las aventuras vividas y por vivir. Joaquín nació en Úbeda un 12 de febrero de 1949. De padre policía, su espíritu romántico, aventurero e idealista nunca le ha dado tregua. Su ingenio para las buenas frases y lapidarias canciones ha financiado su pasión por la vida y las mujeres. Su primera rebeldía fue perseguir a la novia germinal hasta Granollers, donde su pudiente y conservadora familia la había enviado, en la huida imposible de la efervescencia juvenil. Se llamaba Chispa y su padre era notario. Sabina la persiguió la raptó durante unos días en el Valle de Arán. Fuegos artificiales y chinpún. Por entonces, ya le acompañaba su amor por los poetas Fray Luis, Manrique, Hierro y por los escritores malditos: Proust, Joyce. Tras acabar su reválida, Sabina cambió reloj de pulsera por guitarra y ahí comenzó todo. Vallejo y Neruda acompañan sus estudios de filología románica en Granada. Se afilia al Partido Comunista para luchar contra el dictador. Su propio padre le detendrá. Mejor él que otro. Se une al colectivo Poesía 70 con voces tan destacables y tristemente ausentes como Carlos Cano y Luis Eduardo Aute. Un cóctel molotov lanzado contra el BBVA le manda al exilio con un pasaporte falso. Vivirá en París como ocupa durante un año. Le acompaña Lesley, quien le consigue una entrevista con el Daily Mirror para dar a conocer su situación. El objetivo: volver a España sin que lo fusilen. De allí marchan a Edimburgo. Abandona a Lesley rumbo a Londres donde vivirá de lo suyo: tocar en bares, en el metro. Circula la leyenda de los cinco dólares de propina que le regaló George Harrison, que si los enmarcó, que si se los bebió. Poco importa. Aquellos años, Sabina fue un magnífico gestor cultural que promovió cientos de actividades para los expatriados. También acogió a terroristas de ETA “gente muy simpática que luego pegaban tiros en la nuca”. Algo de lo que se ha arrepentido amargamente. Es en Londres donde graba su primer disco. Lo tituló “Inventario” y casi, uno a uno, vendió las 1000 copias que hizo. Tras la muerte de Franco, Morán, que por entonces era cónsul en Londres, consigue su regreso sin represalias. Eso sí, Sabina tuvo que hacer la mili y le tocó Mallorca, acompañado de la que ya era su esposa. Trabajó de periodista en el Diario de Mallorca. Pudo haberse quedado pero no. En esta ocasión la mujer de su vida es una argentina llamada Lucia Inés Correa. En España le espera un contrato con la CBS, los años de La Mandrágora, las colaboraciones en TVE de la mano del gran García Tola. Las etiquetas disgustan a Sabina y la primera discográfica lo tenía encorsetado entre lo de cansautor y poeta. Esto le quedaba grande. Su segundo disco “Malas compañías” cuenta con dos de sus grandes canciones: Calle Melancolía y Pongamos que hablo de Madrid, que ya había popularizado Antonio Flores. De esta época también es la archiconocida Con las manos en la masa. Su popularidad crece y crece. 1985 es un año de cambios. Empieza con Ariola, deja a Krahe, comienza con la banda Viceversa, su primer disco en directo cuenta con la colaboración de sus amigos Gurru, Solfa, Aute. Se enfada con el PSOE y con González, le dedica “Si te he visto, no me acuerdo”. En el 87 y 88 ven la luz dos álbumes muy exitosos. Hotel, dulce hotel venderá 400 mil copias en España. El hombre del traje gris lo llevará de gira por Argentina, México y Venezuela. Produce ese año también un disco a Los Chichos y funda Ripio, junto a Pancho Varona, para gestionar los derechos de autor de sus temas. Entre el 89 y el 92 tiene a sus dos hijas, fruto de la relación con Isabel Oliart. Justo en el año de las olimpiadas Sabina inicia una de las relaciones más locas de su vida con la entonces modelo Cristina Zubillarga. Se dice que es la musa de canciones como Y sin embargo, la favorita de Sabina En el 96 Yo, mi, me contigo multiplica sus éxitos. Venderá 80 mil copias en una semana. La gira constará de más de 30 conciertos en diferentes puntos del continente americano. Conocerá a Fidel. De fondo ...
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Bonne écoute !
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