El hombre que el mundo dio por perdido / Reflexiones cristianasHay guerras que terminan en los libros de historia.Y hay guerras que nunca terminan en el interior de quienes las vivieron. Algunas las recordamos a través de películas,de nombres grabados en monumentos,de cifras que ya no duelen porque se volvieron abstractas. Pero detrás de cada nombre…hubo una vida.Una familia.Una historia que no siempre tuvo un final claro. Hoy vamos a recordar una de esas historias.No por la guerra en sí,sino por lo que ocurre cuando una persona desaparece…y el mundo sigue adelante sin ella. El protagonista de esta historia se llamaba John Robertson. Era soldado.Pertenecía a los Green Berets, las fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos,durante la guerra de Vietnam. Estaba casado.Tenía dos hijas. El 20 de mayo de 1968,su helicóptero fue derribado durante una misión secreta sobre Laos. El ejército estadounidense,que intentaba cortar las líneas de suministro del Vietcong,no pudo organizar una misión de rescate. John Robertson fue declarado desaparecido en acción. Años después, en 1976,fue oficialmente dado por muerto en combate. Su nombre pasó a formar parte de una lista.Una más entre más de 60.000 nombres grabados en el monumento de Washingtonen honor a los soldados caídos en Vietnam. Para el mundo…John Robertson había dejado de existir. Pero John nunca se fue de este mundo. Había sobrevivido al ataque. Fue capturado por guerrilleros vietnamitas,acusado de ser espía de la CIAy sometido a años de tortura física y psicológica. Cuatro años. Cuatro años de cautiverio, miedo y deshumanización. Hasta que logró escapar. Pero escapar no significó volver a casa. Se internó en la selva.Se escondió.Desapareció del mapa humano. Hasta que fue encontrado por una mujer vietnamita:la viuda de un soldado del sur, leal al gobierno que apoyaba a Estados Unidos. Era enfermera. Ella no lo denunció.No lo entregó.Lo cuidó. Para sobrevivir, John hizo algo extremo: Asumió la identidad del marido fallecido de esa mujer,Dan Tak-Ngoc. Se declaró vietnamita de origen francés. Y poco a poco…empezó otra vida. Se casó.Tuvo cuatro hijos.Trabajó la tierra. Durante décadas,John Robertson vivió como un campesino vietnamita. Lejos de su idioma.Lejos de su nombre.Lejos de su país. Hasta que, en 2008,alguien lo encontró. Un veterano estadounidense llamado Tom Fausendedicaba su vida a buscar soldados desaparecidos en Vietnam. Cuando encontró a aquel campesino anciano,algo no encajaba. Robertson ya mostraba los primeros signos de demencia.Había olvidado incluso su inglés. Un psicólogo explicaría despuésque había perdido su idioma originalporque ya no tenía sentido en el mundo que lo rodeaba. El lenguaje que no se usa…se apaga. Pero Fausen estaba convencido. Ese hombre olvidadoera el soldado que el mundo había dado por muerto. Fausen convenció a un cineasta, Michael Jorgensen,y juntos comenzaron a investigar. Un antiguo compañero de armas viajó a Vietnamy lo reconoció de inmediato. Le extrajeron una muelapara probar que había crecido en Estados Unidos. En 2010,John acudió a la embajada estadounidense en Vietnampara identificarse mediante huellas dactilares. La respuesta fue devastadora: “No hay pruebas suficientes.” La última opción era una prueba de ADN. Pero sus dos hijas estadounidensesse negaron a realizarla. Tal vez por miedo.Tal vez por incredulidad.Tal vez porque aceptar la verdadera demasiado doloroso. La última alternativa fue su hermana,Jen Robertson Holly,de 80 años. En 2012,la reunieron con John en Canadá. Ella no dudó. Lo miró…y supo. Ese campesino vietnamitaera su hermano. El director del documental dijo una frase escalofriante: “No es que los vietnamitas no lo dejen ir…es que nuestro propio gobierno no lo quiere.” John Robertson había recuperado su nombre.Había encontrado a su familia.Había vuelto, en teoría, a casa. Pero tomó una decisión inesperada. Regresó a Vietnam. No tenía intención de abandonar ese país. Tal vez porque su vida ya estaba allí.Tal vez porque su identidad se había dividido para siempre.Tal vez porque, después de tanto tiempo,ya no se pertenece por completo a ningún lugar. Hay personas que desaparecen del mundo…pero no del todo. Viven entre nombres,entre lenguas olvidadas,entre recuerdos que se borran. Esta historia no habla solo de una guerra.Habla de identidad.De pertenencia.De lo que ocurre cuando el mundo decide que ya no existes. Y también de algo más silencioso: De cómo el ser humano puede reconstruir su vidaincluso después de haberlo perdido todo. Tal vez no siempre volvemos al lugar del que salimos.Pero seguimos caminando. Y a veces,eso también es una forma de sobrevivir.
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