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El rey ha desaparecido. El trono está vacío. El pueblo es libre.
Entonces, ¿por qué Roma está al borde del colapso?
Junto a la infame Roca Tarpeya, Sarah y Giovanni revelan la década más peligrosa de la República, no con grandes batallas, sino con libros de contabilidad, balanzas de bronce y una sola túnica hecha jirones.
Esta es la historia que omiten las películas: el caos *después* de la revolución. Una ciudad hambrienta, rodeada de enemigos y desgarrándose desde dentro. Para sobrevivir, Roma no solo inventó la democracia… construyó una máquina, un aparato chirriante, improvisado y lleno de parches, compuesto por:
- Dos cónsules rivales, como un rey partido en dos y con fecha de caducidad
- Ejércitos que votaban antes de marchar, donde los ricos depositaban sus votos a la sombra, mientras los pobres esperaban bajo el sol
- El nexum, una trampa legal que convertía a ciudadanos libres en esclavos por deudas impagas
- La protesta de un veterano hambriento, que rasgó su túnica para mostrar cicatrices de gloria en el pecho… y marcas de látigo en la espalda
- La primera huelga obrera de la historia, cuando todo el ejército abandonó la ciudad y se sentó en una colina
- El primer “escudo humano” de la democracia, el sacrosanto Tribuno de la Plebe, cuyo cuerpo era un veto ambulante
- Trampas rituales, como declarar un trozo de suelo romano como “Macedonia” para que un sacerdote pudiera lanzar legalmente una lanza y desatar una guerra mundial
Fue caótico. Fue violento. Fue brillante.
El recorrido complementario en la app te lleva al Templo de Saturno (el primer tesoro de Roma), al Rostra (donde los tribunos desafiaban al Senado) y al Templo de Belona (escenario de la declaración de guerra más burocrática del mundo). Con audio activado por GPS, escucharás el grito del veterano, el suspiro colectivo de la multitud y el sonido metálico de la balanza de bronce, justo donde ocurrió todo.
Próximo episodio: el día en que la máquina se rompió. Cuando los bárbaros estaban a las puertas, el cielo se tiñó de rojo sangre y Roma enfrentó su hora más oscura: el Saqueo de los Galos.
La República no nació en un momento de unidad. Se forjó en la desesperación, se mantuvo unida por la vergüenza y funcionó gracias a una mentira que Roma se creyó tan bien que acabó conquistando el mundo.
Nos vemos al borde del precipicio.