Couverture de Poesía y vida

Poesía y vida

Poesía y vida

De : Gracie Real
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    Épisodes
    • Definitiva soledad - José Albi
      Jan 28 2026

      ¿Oyes el mar?

      Eternamente estaremos escuchándolo.

      Lo llevaremos dentro como la sangre, como la paz como te llevo a ti misma.

      Todo, todo irá acabando: la tristeza, la vida, la soledad tan grande en que me has dejado.

      Sólo el mar, amor mío, el mar sigue existiendo.

      Me asomo: lo contemplo desde esta tarde lenta, desde esta fría y herrumbrosa baranda adonde no te asomas.

      Amor, no estás conmigo. ¿Ves el silencio en torno?

      Baja como las olas, me roza como el río de tu piel, se aleja para siempre.

      Tú, mar, eterno mar de mi sueño, sueño ya tú, lejana, irremediable.

      El viento te acaricia. Yo soy el viento.

      Pero estoy solo.

      Y tú, tú estás lejana.

      Sólo el mar te recuerda, te vive, te arrebata.

      Siento tus labios, que es sentirte entera;

      siento tu carne, calladamente mía.

      Mis manos en el aire te dan vida, y la playa, ya inútil sin tu huella, deshabitada y torpe se aleja como el día.

      Sólo la tarde existe;

      existe y va muriendo. Unos dedos de espuma me agitan los cabellos;

      unas hojas doradas por el sol van cayendo.

      Quizá son tus palabras, quizá el cerco ya inútil de tus brazos.

      Escucha, amor, te voy nombrando como te nombra el mar. Algún abismo se quiebra no sé dónde, y este mar que respiro no es el mío

      con capiteles rotos y con mirto.

      Es tu terrible mar, tu ecuatoriana selva, como tú, tormentosa;

      como tú, quieta, insospechada, dulce, y otra vez angustiosa y arrebatada. Amor, me vas muriendo. Este mar que era nuestro me mira indiferente. Quisiera levantarme como un viento tremendo y sacudir las velas, descerrojar los brazos, morirme a chorros.

      Pero sólo el silencio. Yo, acodado en el aire, contemplo tu recuerdo.

      No hay más que arena.

      La ciudad, a lo lejos, se desdibuja.

      Es un humo borroso como el olvido.

      Ahora estiro los brazos y te busco.

      Aquí están nuestras rocas.

      El mar se mira en ellas;

      también te busca.

      Una estrella de mar va acariciando mi sombra:

      mi sombra que, sin la tuya, no es más que un pozo seco.

      Esta tarde es como media vida: la media que me falta.

      La que tú te has llevado.

      No, no has venido.

      Eternamente no vendrás. Caerán constelaciones, se hundirán montes, siglos, tempestades, y no vendrás. Y yo estaré mirando lo que nos une todavía: el mar.

      Un buque remotísimo buscará el horizonte; pasará un pescador con sus cañas al hombro.

      Sólo tú no vendrás.

      No vendrás nunca.

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      4 min
    • Hay un dia feliz - Nicanor Parra
      Jan 26 2026

      A recorrer me dediqué esta tarde las solitarias calles de mi aldea acompañado por el buen crepúsculo que es el único amigo que me queda.

      Todo está como entonces, el otoño y su difusa lámpara de niebla, sólo que el tiempo lo ha invadido todo con su pálido manto de tristeza.

      Nunca pensé, creédmelo, un instante volver a ver esta querida tierra, pero ahora que he vuelto no comprendo cómo pude alejarme de su puerta.

      Nada ha cambiado, ni sus casas blancas ni sus viejos portones de madera.

      Todo está en su lugar; las golondrinas en la torre más alta de la iglesia; el caracol en el jardín; y el musgo en las húmedas manos de las piedras.

      No se puede dudar, éste es el reino del cielo azul y de las hojas secas en donde todo y cada cosa tiene su singular y plácida leyenda:

      hasta en la propia sombra reconozco la mirada celeste de mi abuela.

      Éstos fueron los hechos memorables que presenció mi juventud primera, el correr en la esquina de la plaza y la humedad en las murallas viejas.

      ¡Buena cosa, Dios mío!, nunca sabe

      cuando la imaginamos más lejana uno apreciar la dicha verdadera, es justamente cuando estás más cerca.

      ¡Ay de mí!, ¡ay de míl, algo me dice que la vida no es más que una quimera:

      una ilusión, un sueño sin orillas, una pequeña nube pasajera.

      Vamos por partes, no sé bien qué digo, la emoción so me sube a la cabeza, Como ya era la hora del silencio cuando emprendí mi singular empresa,

      una tras otra, en oleaje mudo,

      al establo volvían las ovejas.

      Las saludé personalmente a todas y cuando estuve frente a la arboleda que alimenta el oído del viajero con su inefable música secreta

      recordé el mar y enumeré las hojas en homenaje a mis hermanas muertas.

      Perfectamente bien. Seguí mi viaje

      como quien de la vida nada espera.

      Pasé frente a la rueda del molino.

      Me detuve delante de una tienda: el olor del café siempre es el mismo.

      Siempre la misma luna en mi cabeza, entre el río de entonces y el de ahora no distingo ninguna diferencia.

      Lo reconozco bien, éste es el árbol que mi padre plantó frente a la puerta (ilustre padre que en sus buenos tiempos fuera mejor que una ventana abierta).

      Yo me atrevo a afirmar que su conducta era un trasunto fiel de la Edad Media cuando el perro dormía dulcemente bajo el ángulo recto de una estrella.

      A estas alturas siento que me envuelve el delicado olor de las violetas que mi amorosa madre cultivaba para curar la tos y la tristeza.

      Cuánto tiempo ha pasado desde entonces no podría decirlo con certeza; todo está igual, seguramente, el vino y el ruiseñor encima de la mesa, mis hermanos menores a esta hora deben venir de vuelta de la escuela:

      ¡sólo que el tiempo lo ha borrado todo como una blanca tempestad de arena!

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      3 min
    • Tantos ríos que soltaron - Manuel del Cabral
      Jan 23 2026

      Tantos rios que soltaron

      bajo mi piel. Mas no sé

      por qué lo que me golpea

      siendo agua tiene sed.


      Viajero que dentro el pecho

      a caballo siempre vas.

      Por la herida sales, pero...

      no creo que a descansar.

      Es estrecha la salida

      para aquello que se va


      ¿Va el río, adonde, si el río

      la sed no le quita al mar?


      Viajero que dentro el pecho

      oigo que quieres beber...

      ¿Para qué, si eres la fuente,

      para qué corres con sed?


      Tú galopas aquí adentro

      como queriendo llegar...

      ¿Pero a dónde vas, viajero,

      si eres tú la eternidad?



      Gracias por escuchar🩷

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      1 min
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