Épisodes

  • Reflexión del Evangelio - Sábado 21 de Febrero - Médico de corazones
    Feb 21 2026

    Jesús llama a Leví, un publicano, a seguirlo. Él responde dejándolo todo. Luego celebra un banquete donde participan pecadores, provocando la crítica de los fariseos. Jesús declara que ha venido a llamar a pecadores, no a justos.

    El texto revela la misión misericordiosa de Cristo y la urgencia de la conversión.

    Me recuerda que Jesús también me mira y me llama desde mi realidad concreta.

    Me invita a no sentirme excluido de su amor ni de su llamado.

    Cristo no busca perfectos; busca disponibles.

    Seguir a Jesús implica dejar algo… pero ganar una vida nueva.

    Cuando acepto que necesito sanación, comienzo a ser verdaderamente sanado.

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  • Reflexión del Evangelio - Viernes 20 de Febrero - Hacer espacio a Dios
    Feb 20 2026

    Jesús responde a la pregunta sobre el ayuno revelando que sus discípulos no ayunan porque el esposo —Él mismo— está presente. Pero anuncia que vendrán días de ausencia, donde el ayuno tendrá su lugar.

    El texto enseña que las prácticas espirituales tienen sentido según la relación viva con Cristo.

    Me invita a vivir mi fe desde el encuentro y no desde la comparación religiosa.

    Me llama a discernir si mis sacrificios nacen del amor o de la costumbre.

    La presencia de Cristo en mi vida es motivo de alegría profunda.

    Mis sacrificios deben brotar del amor, no de la obligación.

    Cuando vivo mi fe como relación con el Esposo, todo cambia de sentido.

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  • Reflexión del Evangelio - Jueves 19 de Febrero - El camino de la Cruz
    Feb 19 2026

    Jesús anuncia su pasión y enseña que seguirlo implica negarse a sí mismo, cargar la cruz cada día y caminar tras Él. Advierte que quien quiera salvar su vida egoístamente la perderá, pero quien la entregue por Él la salvará.

    También plantea la inutilidad de ganar el mundo entero si el alma se pierde, revelando el valor supremo de la vida espiritual.

    Me confronta con mi manera de seguir a Cristo. Me pregunta si estoy dispuesto a amar con sacrificio o solo desde la comodidad.

    Me invita a revisar mis prioridades: si estoy buscando éxito pasajero o fidelidad eterna.

    Seguir a Cristo implica cruz, pero una cruz que conduce a la vida verdadera.

    Negarme a mí mismo no me destruye; me libera para amar mejor.

    Cuando pongo mi alma por encima del mundo, empiezo a vivir con sentido eterno.

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  • Reflexión del Evangelio - Miércoles 18 de Enero - La parálisis del corazón
    Feb 18 2026

    Jesús enseña que la limosna, la oración y el ayuno deben hacerse con pureza de intención, no para ser vistos, sino para agradar al Padre que ve en lo secreto.

    Invita a una espiritualidad íntima, silenciosa y auténtica, lejos de la hipocresía religiosa.

    Me confronta sobre mis motivaciones. Me pregunta si busco a Dios o el reconocimiento espiritual.

    Me llama a purificar mi fe y llevarla al terreno de la verdad interior.

    Dios mira lo que nadie más ve: mi intención.

    Debo construir una espiritualidad sólida en lo secreto, no en la apariencia.

    Cuando vivo para la mirada del Padre, dejo de necesitar la aprobación del mundo.

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  • Reflexión del Evangelio - Martes 17 de Enero - Jesús es el Señor
    Feb 17 2026

    El Evangelio muestra a los discípulos preocupados por la falta de pan, mientras Jesús les advierte sobre la levadura de los fariseos y de Herodes. Él los invita a ir más allá de la preocupación material y a comprender el peligro de la corrupción interior.

    Jesús recuerda las multiplicaciones para despertar su memoria espiritual. Les hace ver que quien ha experimentado el poder de Dios no debería vivir dominado por la ansiedad ni la incredulidad.

    Me revela que muchas veces vivo preocupado por “panes” que faltan, olvidando los milagros que ya recibí. Me muestra que la duda nace cuando pierdo la memoria de la acción de Dios.

    También me confronta con mis propias levaduras: hipocresías, miedos, desconfianzas que se infiltran lentamente en mi fe.

    Hoy soy llamado a recordar. A hacer memoria consciente de todo lo que Dios ya ha hecho en mi vida.

    Mi fe debe apoyarse más en los milagros vividos que en los problemas presentes.

    Quien recuerda la fidelidad de Dios deja de vivir desde el miedo y empieza a vivir desde la confianza.

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  • Reflexión del Evangelio - Lunes 16 de Febrero - El suspiro de Jesús
    Feb 16 2026

    El Evangelio muestra a los fariseos pidiendo una señal para creer en Jesús. No lo hacen desde la fe, sino desde la prueba y la confrontación. Su actitud revela dureza interior.

    Jesús responde con un suspiro profundo y se niega a darles una señal. Luego se marcha, mostrando que la fe no nace de imposiciones externas sino de la apertura del corazón.

    Me invita a revisar mi manera de creer. A veces digo tener fe, pero sigo exigiendo pruebas, respuestas inmediatas o milagros visibles para confiar en Dios.

    También me confronta: ¿estoy reconociendo las señales que Dios ya me ha dado… o vivo insatisfecho espiritualmente?

    Hoy se me invita a creer sin condiciones. A dejar de ponerle requisitos a Dios para confiar en Él.

    Mi fe debe madurar: pasar de pedir señales… a reconocer su presencia constante en todo.

    No necesito más pruebas del amor de Dios.

    La mayor señal ya me fue dada:

    Jesús caminando conmigo cada día.

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  • Reflexión del Evangelio - Domingo 15 de Febrero - la plenitud del corazón
    Feb 14 2026

    El Evangelio muestra a Jesús llevando la ley a su plenitud. No elimina los mandamientos, sino que revela su raíz interior. El mal no está solo en la acción externa, sino en la intención del corazón.

    Cristo enseña que el Reino de Dios exige una justicia superior: una vida coherente, reconciliada, pura en pensamientos, palabras y obras.

    Me invita a dejar de vivir una fe superficial. A revisar mis emociones, mis deseos, mis palabras. A reconocer que necesito conversión interior, no solo cambios externos.

    Me llama a la honestidad espiritual: a no justificar lo que sé que debo sanar, a permitir que Dios transforme mis zonas más frágiles.

    Dios no mira apariencias: mira el corazón. Hoy soy invitado a vivir con mayor coherencia interior, dejando que mi fe toque mis pensamientos, mis reacciones y mis decisiones.

    La santidad no comienza en lo que hago, sino en lo que permito habitar dentro de mí. Si sano mi interior, sano también mis relaciones y mi manera de amar.

    La verdadera conversión es interior. Cuando mi corazón se alinea con Dios, toda mi vida se ordena. Y entonces mi palabra, mi mirada y mis acciones se vuelven reflejo vivo del Evangelio.

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  • Reflexión del Evangelio - Sábado 14 de Febrero - El amor que sobra
    Feb 14 2026

    El Evangelio nos presenta a un Jesús profundamente compasivo que se preocupa por la multitud que lo sigue. No solo les predica, sino que se ocupa de su hambre concreta. Ante la escasez, realiza el milagro de la multiplicación de los panes, alimentando a miles hasta saciarlos y dejando abundancia sobrante.

    El texto revela un Dios providente que no abandona a quienes permanecen con Él. Muestra que la lógica divina supera la limitación humana y que, incluso en el desierto, puede brotar la abundancia cuando se confía en su acción.

    Me dice que Dios conoce mis necesidades antes que yo las exprese. Que ve mi cansancio, mis días de espera, mis caminos largos. Me recuerda que no estoy solo en mis desiertos personales.

    También me confronta: ¿estoy dispuesto a ofrecer mis “siete panes”? Porque el milagro comienza cuando entrego lo poco que tengo, no cuando espero tener más.

    Hoy Dios me invita a confiar en su providencia. A no paralizarme por la escasez ni por el miedo. A creer que incluso lo pequeño puede ser instrumento de gracia si lo pongo en sus manos.

    Mi vida no está sostenida por mis recursos, sino por la fidelidad de Dios. Él puede alimentar mis hambres más profundas y sostenerme en los momentos donde siento que no hay fuerzas para continuar.

    Cuando entiendo que Dios multiplica lo que le entrego, dejo de vivir desde el miedo y empiezo a vivir desde la confianza. Ya no escondo mis panes: los ofrezco. Y al hacerlo, descubro que también yo soy alimentado mientras otros reciben.

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