El efecto bebé
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El efecto bebé
Generalmente tomamos a los demás como la realidad exterior que podemos reconocer en ellos, en lo que su realidad física y corporal nos muestran, en sus comportamientos exteriores, del mismo modo en que conceptuamos a los demás, como si esa fuera la realidad humana al completo.
Del mismo modo, uno mismo forma parte de esa realidad exterior para cada uno de ellos, participando entre todos en ese condicionamiento tan dominante.
De esta situación, uno concluye, “soy una consciencia interior con dudas existenciales, cuando los demás no aparentan tenerlas”.
El hecho de apreciar que realmente nadie ha resuelto esas dudas existenciales, y que por lo general, simplemente, dejamos de cuestionarnos las cosas, nos permite aceptar esta vida en su forma aparente, mientras aceptamos del mismo modo, nuestra consciencia interior.
Entonces logramos apreciar en cada ser humano su realidad interior, adherida a sus experiencias vividas, de manera que contemplamos la lógica expresión que se manifiesta y a su vez, la posibilidad de contactar con su interior.
Podemos utilizar un ejemplo para entender, hasta qué punto actuamos y vivimos bajo la influencia de lo aparente.
Es el caso en que vamos de visita a conocer a un recién nacido, es casi unánime, el que todas las personas nos quedemos embelesados ante la presencia del bebé.
Se guarda silencio exterior e interior. La observancia es completa para percibir al bebé.
Es un caso claro en el que dejamos de pensar, algo que nos parece tan difícil de lograr por nosotros mismos, ocurre ahora sin pretenderlo, de forma espontánea.
En ese silencio que hacemos, ocurre una apertura completa hacia la realidad del bebé.
Si observamos lo que está ocurriendo, comprobaremos que nuestro interior se abre por completo para la contemplación del nuevo ser. Literalmente se activa nuestro interior con plena atención, como para contactar con la realidad del bebé, poniéndonos en un modo “no mental”.
Las personas que trabajan por vocación con niños de corta edad hablan de lo felices que se sienten estableciendo comunicación con ellos, como que los cuidadores entran en ese estado de inocencia, sin pensamientos, lo que les permite despertar su sensibilidad interior gracias a percibir la de los niños.
Estos cuidadores están abiertos a percibir la realidad de esos niños, ya que no están en el pensamiento.
¿Por qué ocurre que cuando estamos con niños de corta edad nos sintamos tan felices, tan auténticos, tan identificados?
¿Por qué en su presencia nos sentimos más ligeros, más alegres, más reconocidos, más reales?
En lo cotidiano no se logra eso en absoluto, estamos inmersos en el pensamiento de tener que ser algo, que sea correcto y adecuado. Difícilmente lograré sentirme con adultos del modo en que me siento, de forma espontánea, con niños de corta edad.
¿Por qué ocurre esto?
Cuando nos acercamos a un bebé, sabemos que no necesitamos protegernos, ni sostener un personaje y que podemos dejarnos ser libres, para percibir al bebé. Nos sentimos ligeros, auténticos y sabemos que ante el bebé no necesitamos ser nada.
Es como si dejáramos toda nuestra envoltura de identidad adquirida y nos permitiéramos ser lo que somos, sin más.
Ante el bebé no necesitamos mostrar nada, ni ser aceptados, ni juzgados. Podemos ser la verdad que somos.
Entonces, nos dejamos sentir mientras estamos cerca del bebé, sintiéndolo incondicionalmente y permitiéndonos estar según somos sin traducción, ni adaptación.
Quizás llevamos años anhelando disponer de una relación con otro ser humano desde esa realidad interior sin lograrlo y de repente, al visitar al bebé, sin pretenderlo, ni esperarlo, ocurre.
A la par que soy capaz de percibirle, me estoy percibiendo a mí mismo, en absoluta libertad e incondicionalidad.
Continúa,....